martes, 17 de septiembre de 2013

Amor y Muerte

Allí estaba  yo, completamente a oscuras, aunque tal vez oscuridad no fuera el término que mejor definía aquello. Lo que me rodeaba era palpable, presionaba mis costillas y me dificultaba la respiración. Estaba completamente aislado teniendo como única compañía el solitario olor de mi respiración y una ausencia a olores que no fueran el mío propio.

Tras unos momentos de aturdimiento y confusión comencé a caminar en busca de alguna referencia, algo palpable, algo que me dijera que estaba en alguna parte y no perdido en una especie de vacío. No hubo suerte. Cuando conseguí que los nervios que me invadían me abandonasen llené su lugar con resignación y me senté. Cerré los ojos, y aunque seguía sin ver nada, lo controlaba yo. No veía nada porque no quería ver nada. Necesitaba dominar algo en esa situación y esto parecía el único inicio claro. Apreté fuerte los ojos con la esperanza de que aparecieran esas manchas que te visitan cuando aprietas los parpados durante un rato o cuando te bloqueas ante una hoja en blanco. Ni siquiera esas desquiciadoras manchas querían estar en ese lugar, no las culpo.

Hizo falta una eternidad, que dudo que durase más de dos minutos para que mis nervios lograran desquiciarme y hacerme entrar en un estado de desesperación. Estaba convencido que tras esa puerta giratoria que hacía entrar todas estas sensaciones y sentimientos de una en una, después de que se fuese la desesperación solo podía entrar la locura. Seguro que se encontraba allí, frente a un espejo, preparándose para entrar de la forma más atractiva posible. Yo por mi parte comenzaba a aceptar que su llegada sería lo mejor para mí cuando algo cambió. Un olor. ¿Perfume tal vez?

Me puse en pie e hice un esfuerzo para concentrarme en ese olor cual sabueso. Se acercaba. Empezaba a reconocer una mezcla de clavel chino e incienso. Detuve mi respiración en busca de algún otro sonido. Pasos abrían sido una bendición, pero solo obtuve silencio. Ese olor se intensificaba, cada vez más dulce y penetrante. Traté de decir algo pero no podía. No es que no pudiera hablar, más bien no sabía que decir. Me quedé bloqueado ante un protocolo completamente innecesario así que esperé.

- ¿Me reconoces? – dijo una voz femenina profunda y tan dulce como ese olor.

Guardé silencio mientras unos brazos delgados y fríos rodeaban mi cintura desde mi espalda. Contrastaba su temperatura con lo cálido de ese abrazo. Parpadee un par de veces para asegurarme de que tenía los ojos abiertos y miré hacia abajo. Nada.

-¿Aún no sabes quién soy? – añadió la voz.

Acompañó su frase con una risa tímida y un suave beso en mi cuello. Sus labios eran finos y carnosos. Su beso fue suave. Nunca me había excitado tanto un solo contacto.
-¿Todavía no sabes quien soy?

Esta vez su lengua trazó una línea desde mi cuello hasta el lóbulo de mi oreja derecha que mordió de forma que una pequeña corriente recorrió todo mi cuerpo. Sin apenas poder controlar mis acciones me giré y miré a la nada donde esperaba encontrar el brillo de unos ojos.

- Estaremos juntos para siempre – dijo con voz inocente.
- ¿Hasta que la muerte nos separe? – respondí con ese tono gracioso que se tiene cuando los nervios no te dejan hablar de forma coherente.
- No tengo intención de hacer que nos separemos.

La besé. Fue el beso más apasionado que he llegado a compartir. Mientras nuestros labios se rozaban, mientras nuestras lenguas se fundían, mientras esperaba que ese momento fuera eterno, se fue desvaneciendo.

Allí estaba yo, sentado sobre el frío césped admirando aquel cielo de luna llena. En mi vida había visto un cielo tan estrellado.

El comienzo del camino

Surgen algunas dudas y esperanzas
siempre que se comienza un viaje nuevo.
Siendo sentimientos lo que promuevo
no se donde me llevan mis andanzas.

Busco compartir todo lo que siento
aún sin tener jamás claras las cosas.
Y aunque haya mas espinas que rosas,
seguiré echando palabras al viento.

Recordaré cada uno de los pasos
y la compañía en este viaje
en los amaneceres y ocasos.

Así que me hincharé de coraje,
y disfrutaré en todos los casos
de un periplo con letras por paisaje.